jueves, 7 de julio de 2011

Estamos en buenas manos

Debemos alegrarnos. Tras semanas de incertidumbre y vacío de poder causados por el “affaire” del “Gran Kahn” con la camarera –“affaire” que finalmente se ha podido comprobar que iba incluido en el precio de la suite del hotel de Manhattan–, el Fondo Monetario Internacional se ha decidido en esta ocasión y por primera vez por una mujer. Por ser más discreta que su antecesor y por cobrar menos que él, ya que las mujeres todavía no tienen igualado en este organismo su estatus salarial con el de los hombres. A cambio de las duras condiciones establecidas en el contrato que exigirán a esta dama tener “los más altos estándares éticos de conducta” y “evitar incluso cualquier apariencia de conducta inapropiada” instándola a participar “de vez en cuando en programas de entrenamiento ético” (???), el FMI embarcado en un duro proceso de austeridad, se ha visto moralmente obligado a subirle el sueldo de mujer trabajadora hasta un 11 % más que el de su antecesor (ahora ya simplemente llamado Strauss-Kahn o solamente “Kahn” para los amigos) que desde hoy tendrá que pagar de su bolsillo los 50.000 $ de alquiler mensual de su nueva casa en New York nada más salir de la cárcel. Además, Kahn también tiene que hacer frente a otra demanda por intento de violación frustrado, hace años en Francia, a una periodista, que no ha podido volver a escribir desde entonces por el trauma que le supuso y que judicialmente le pide una sabrosa compensación económica por ello. Haciendo un paréntesis, tengo que declarar que no me importaría a pesar de mi edad, ser objeto de un intento de violación no consumado por parte de este señor Kahn, para poder pedirle yo algo también para mi jubilación. De Christine Lagarde (ese es el nombre y apellido de la nueva jefa del FMI), no puedo esperar ningún intento de nada después del contrato que acaba de firmar. A cambio de sus servicios y de las restricciones impuestas (no podrá tocarle ni siquiera el culo a su secretario), recibirá un salario base libre de impuestos de 324.000 € al año que podrá ingresar íntegros en una cartilla de ahorros de cualquier Banco o Caja rescatados, ya que para sus gastos recibirá otros 58.000 € también libres de impuestos. “Además se le reembolsarán todos los gastos razonables que haya hecho relacionados con su actividad”, dice también el contrato, “aunque tenga primero que anticiparlos”, digo yo. Y todos sabemos que estos cargos llevan implícitos muchos gastos razonables aunque no necesariamente razonados. La actividad objeto de esos gastos razonables a la que se refiere la parte contratante, se sobreentiende no deberá ser sexual para no entrar en conflicto con las “conductas éticas apropiadas en apariencia”, como reza el contrato recién firmado (contrato que el amigo Kahn firmó sin tales restricciones). Esas cantidades menores estarán dedicadas a mantener “un nivel de vida apropiado a su posición como directora gerente del Fondo” manifiesta también en un apartado el contrato, llamémosle “suculento”, en el que se repite hasta la extenuación el término "apropiado" –que no "apropiación" debida o indebida–. Finalmente y para cumplir con la normativa vigente, con el convenio colectivo y para no perder el poder adquisitivo, su sueldo y gastos serán también actualizados cada mes de julio con el IPC anual.

Este mundo es del color del tinte con que te tiñas

La señora Lagarde, o madame Lagarde para utilizar su mismo idioma, ya fue tres veces ministra en Francia, de Economía, de Agricultura, y de Comercio, y anunciaba recientemente “mano dura con Europa” si era elegida; como así ha sido. Supongo que se referiría a una parte de Europa en la que no se incluyen los políticos, eurodiputados, altos cargos de las administraciones, directores de Bancos Centrales y Periféricos, etc., etc., etc..., parte en la que ella ya no está porque está en Washington; con lo cual debía estar refiriéndose al resto, a nosotros, los ciudadanos y ciudadanas de esa parte de Europa que ya hemos empezado a ser “la otra especie”. Y sobre todo debía estar pensando en los países europeos más vividores, como: Grecia, Irlanda, Portugal y España. Esa mano dura deberá reducir los sueldos abusivos de los funcionarios de a pie y sus dietas, aumentar las edades de jubilación para que no nos aburramos en casa, congelar esas mismas jubilaciones para que duren más y liquidar los bienes y empresas públicos de estos países poco competitivos para que vayan a parar a las manos privadas adecuadas, además de facilitar más los despidos para que las empresas que lo deseen puedan crear también más empleo, el doble se supone que el número de despidos: “Dos nuevos empleados por cada despedido usado” reza un slogan mío. Se cree que estas originales teorías experimentales, madame Lagarde las va a aplicar inmediatamente en Grecia, para comprobar su bondad, eficacia y acierto.

Se me habían olvidado detalles nimios respecto a algunos de sus derechos y obligaciones, como que cada vez que madame Lagarde se desplace fuera de Washington para las reuniones-almuerzos del FMI, ni ella, ni los miembros de su familia incluido su esposo o acompañante, tendrán tampoco que pagar gastos de viaje y alojamiento, siendo todos ellos realizados en primera clase con hoteles de muchas estrellas, las más posibles que tenga cada país. Cuando deje el puesto por imperativo legal, recibirá una renta vitalicia y un fondo de pensiones para no quedar desamparada, que variará en función de la duración de su mandato. Y si renuncia por motivos personales antes de que acaben sus 5 años de contrato, recibirá a modo de indemnización, parte de su sueldo, según unos baremos establecidos. Aunque para ello tendría que estar trabajando al menos 2 años. Bien es cierto que a cambio de todo ello, no podrá recibir ningún regalo, prestación o favor de ningún Gobierno o autoridad externa al Fondo como antes era costumbre y que algunos denominan como cohecho impropio y que no está penado por el código civil.

Lo primero que ha hecho esta poderosa dama nada más incorporarse a su trabajo, fichando a las 9 de la mañana hora de Washington, ha sido mandar un e.mail a los empleados del FMI comunicándoles que "va a trabajar duro para asegurarse de que todos ellos concentrarán sus esfuerzos en la dirección adecuada, que consiste en generar un trabajo excelente con un buen esfuerzo colectivo" (???), yéndose después a almorzar con la cúpula directiva. Al día siguiente convocó una rueda de prensa en la que hizo sus primeras declaraciones: “A veces hay que dejar los intereses individuales para el bien del país” (???). “El empleo es un asunto clave” (???). Concluyendo con que “la diversidad y el valor de la diversidad encabezan mi lista de prioridades” (???). Acabadas estas respuestas, se fue a almorzar como es lógico. Con estas dos primeras actuaciones, la del e.mail colectivo y las tres frases de la rueda de prensa, ha cubierto ampliamente su jornada laboral, por lo que haciendo un cálculo somero de horarios de trabajo teniendo en cuenta vacaciones, fiestas y asuntos propios, se ha embolsado en esos dos primeros días en su cartilla de ahorro unos 2.600 € más las dietas correspondientes. Cantidad similar a la de dos sueldos mensuales abusivos antes de impuestos de cualquiera de los miles de funcionarios griegos, irlandeses, portugueses, etc. que el FMI y la CEE recomiendan despedir a sus gobiernos para poder hacer frente a los intereses de la deuda. Únicamente existe una ligera mácula en la trayectoria de madame Lagarde que puede ensombrecer su rutilante futuro y despejar el de Grecia, la investigación en Francia por supuesto abuso de poder cuando era ministra, relacionado con la banca pública, la campaña electoral de Sarkozy, un empresario y 285 millones de euros, trama que parece sacada de una novela de Simenon pero sin Maigret para hacer justicia.

Todos sabemos, y el que no lo sepa que lo aprenda, que el Fondo Monetario Internacional se creó para evitar catástrofes económicas internacionales, y gracias a él –que supo anticipar la crisis actual–, las cosas están como están y como van a estar; y no peor. Que es como habrían estado si ellos no hubieran estado ahí, sudando la camiseta. Finalmente, también deberíamos saber que los gastos que conllevan las difíciles gestiones de este organismo y sus líderes económicos, salen de los impuestos de todos los funcionarios que no han perdido todavía su trabajo y del resto de los ciudadanos de ambos sexos: “la otra especie”. ¡MANDA GÜEVOS!

jueves, 16 de junio de 2011

@Criadillas.com

Teniendo en cuenta que a una parte importante de la población en la que incluyo a las llamadas “personas humanas”, les gustan las conocidas popularmente como “criadillas” (testículos o turmas de toro según la R.A.E.) rebozadas y bien frititas, se puede afirmar tajantemente que sobre gustos no hay nada escrito. Y sobre gustos de arte menos que sobre gastronómicos. A mí con acento –por ejemplo–, el arte costumbrista español del siglo XIX al igual que las “criadillas”, me revuelve el estómago. Será por sus connotaciones taurinas y porque no puedo dejar de pensar en esas "criadillas", las mías, cortadas en lonchas muy finas, igual que las de los toros –sin serlo ni en tamaño ni en calidad–, con cuchillo afilado como espada de torero o cuchilla de afeitar ancha de las de antes (que con ellas también se cumplía dicho objetivo). Estos pensamientos tan costumbristas como el arte así denominado, me producen escalofríos y crujir de dientes. Tal vez porque no tengo las turmas como hay que tenerlas, bien puestas, como las tienen los militares y los toros de nuestras plazas, convertidas esas partes de estos últimos, antes suyas y ahora de todos, en “criadillas” rebozadas y fritas por los cocineros de los restaurantes más populares o costumbristas. De ahí al vómito o al vahído, solo hay un paso, al menos para mí, por ser un flojo y por no tenerlas o tenerlos bien puestas o puestos como el nudo de la corbata de cualquier presentador de “Al filo de lo imposible”; lugar donde se me ponen, aún estando descolocadas –o descolocados–, cuando veo esas escenas tan arriesgadas.

Cosa diferente sería si habláramos de "criadillas o turmas de tierra", una especie de hongos carnosos, de buen olor, figura redondeada, negruzcos por fuera y pardos rojizo por dentro, comestibles y que guisados son muy sabrosos. En este caso no tendría inconveniente en probarlos sin el menor escrúpulo llamándolos por su nombre biológico, "turmas de tierra" –nada de "criadillas" ni testículos aunque fueran vegetales–, ya que no sería necesario para ello la muerte del astado ni la hoja de afeitar “Iberia”, y además nuestra rica gastronomía permite colocarlas de cualquier forma y en cualquier lugar de la cazuela.

Estas sutiles formas gramaticales tanto femeninas como masculinas (criadillas, turmas, testículos, o más vulgarmente “güevos”), dan fe de la riqueza del idioma de una gran parte de esta tierra: España. El idioma mundialmente conocido como español y peninsularmente –no implicando a Portugal– como castellano, define como ningún otro, lo masculino y lo femenino –gramaticalmente hablando–, con formas indistintas femeninas o masculinas incluso en sus propias acepciones. Ejemplos valen más que mil palabras: “La parte masculina y femenina del hombre” o “el carácter femenino y masculino de la mujer”. Para agilizar el lenguaje y no crear desigualdades de género, a algún lumbrera se le ocurrió sustituir la “o” o la “a” de nuestro alfabeto, por la @. Este símbolo, muy utilizado informáticamente desde que Ray Tomlison comenzara a usarlo ya en 1971 para enviar e.mails militares.com por encargo del ejército USA, y en sus ratos libres a su novia.es de ascendencia española, significa “arroba”, proviene del árabe y es una unidad de medida poco usada actualmente. ¡Me gusta una arroba! que pensaba yo de niño de 10 años respecto a la vecina del 2º dcha. –15 años mayor que yo–, que en una ocasión, al llegar mareado de un viaje por carretera de entonces y no funcionar el ascensor, se ofreció amablemente a mi madre y a mí, para subirme en brazos junto a su pecho hasta el 6º izquierda que era donde yo habitaba. Aquella ascensión fue para aquel niño como “La escalera al cielo” de Led Zeppelin, aunque ellos no existieran hasta 20 años después, convertido él ya en un hombre. Regresando de aquel 7º cielo a esta página, el tal lumbrera anónimo antes mencionado, decidió, para complacer a las mujeres sin dejar de agradar a los hombres –compensando con ello la tendencia del español o castellano hacia el genérico masculino–, apropiarse de la @ aún a costa de cargarse el lenguaje, como hace el paso del tiempo. Bonito invento querid@s, aplicado hasta la saciedad incluso en notificaciones administrativas o multas: “Estimad@ señor@ conductor@ del vehículo, etc.., al estar usted empadronad@ en esta ciudad y por el derecho y deber que le asiste como ciudadan@ para pagar gustos@ sus multas, arbitrios y contribuciones, le informamos, etc, etc...” –pongamos por caso–.

Yo propongo eliminar definitivamente las letras “oes” y “aes” del alfabeto, sustituyéndolas de forma drástica por la @ que tiene más masa, y así acabaríamos de paso con toda esta confusa ensalada de letras y el alfabeto tendría otra menos. De es@ f@rm@ n@die se sentirí@ discrimin@d@, fuer@ h@mbre @ mujer, pers@n@ hum@n@, @nim@l, veget@l @ miner@l. @ simplemente c@s@. Veamos el ejemplo de como quedaría el comienzo del Quijote reescrito en este nuevo idioma –llámesele español o castellano del futuro–, con el teclado de mi móvil: “En un lug@r de L@ M@nch@, de cuy@ n@mbre n@ quier@ @cord@rme, n@ h@ much@ tiemp@ viví@ un hid@lg@ de l@s de l@nz@ en @stiller@, @d@rg@ @ntigu@, r@cín fl@c@ y g@lg@ c@rred@r.” ¡A que es más simple y hasta tiene más diseño! De esta manera, posiblemente nos comunicaríamos mejor: los teclados de los ordenadores y móviles al disponer de dos teclas menos, resultarían más económicos, sacándonos seguramente de la crisis económica y mental que padecemos. Y habría menos violencia de género: más de un marido furibundo al tener dos grandes turbas bien puestas, ha matado a su mujer a causa la insistencia de ella en el uso del genérico masculino-femenino en sus conversaciones cotidianas. Otra forma de llevarnos bien y evitar seguramente muchas muertes de mujeres a manos de esos portadores de criadillas –además de bien puestas, malcriadas–, sería, utilizar los ciudadanos muy suyos y las ciudadanas muy suyas de cada sexo, el genérico que les fuera propio, y el resto, los más generosos y generosas, utilizar ambos y ambas siempre, aunque las conversaciones, los debates políticos y las redacciones en los colegios fueran más largas o largos, que no implican necesariamente mayor tediosidad de lo habitual.

sábado, 11 de junio de 2011

Ache de Historia

La Historia no la escriben los vencidos. Ni siquiera los “hermosos vencidos”, como les llamara Leonard Cohen, el flamante Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011, hace ya 45 años. Cuando empecé a estudiar Historia por imperativos académicos, a finales de 1956 y a punto de cumplir los 8 años, esta, ya la habían escrito –más bien re-escrito– los vencedores no vencidos. Durante los anteriores 17 años. Es decir desde mediados tirando a finales de 1939 hasta esa fecha, la de mi 8º cumpleaños y mi temprana erudición. Durante aquel período tuvieron tiempo, no solo de escribirla, sino de crearla y recrearla para que todo aquello que no fuera de su gusto o de buen gusto, no existiera. O existiera de otra forma y en otro lugar, por ejemplo lejos de nuestros libros no prohibidos, en el extranjero. Un sitio oscuro y peligroso. Mientras que los hechos que sí les complacían, a pesar de no ser objeto de la Historia, lo fueran. Aun siendo necesario hacer ligeros retoques.

Yo aprendí que el brazo incorrupto de Santa Teresa –por cierto ¿donde andará aquí y ahora?– estaba entonces siempre dispuesto a hacer el bien sobre la mesilla de noche del superlativo general. Franco, me refiero. También aprendí que Napoleón y sus “gabachos” habían sido vencidos una y otra vez en nuestra patria hasta ser expulsados como los árabes, y no como se escribía la Historia en Francia, que también mentía de lo lindo excluyendo sus derrotas y ensalzando sus victorias a lo largo y ancho de toda Europa. Y hablando de Europa, aunque en los mapas figurábamos dentro, una vez que te salías de ese mapa con el puntero, comprobabas que no estábamos allí, ni por deseo nuestro ni de los europeos.























Al menos para nosotros, aprendices del saber de obligada obediencia, la Historia nunca miente. A no ser que sea por el bien común de unos cuantos. Antes igual que ahora, como en los Cuentos de Calleja, que también escribía la Historia con gran acierto narrativo. Para no enfrentar a las Españas, a las de entonces y a las de hoy, se ha elaborado desde 1999 hasta 2011 el Diccionario Biográfico Español a cargo de la Real Academia de la Historia –por solo 5,8 millones de euros (5.800.000 €), una calderilla–, alguno de cuyos académicos son incluso cardenales. Para que no pensemos y creamos lo que nos de la real gana, sino lo que está escrito; que es lo cierto y verdadero. Pero como en toda obra magna, ha habido las lógicas erratas. Por ejemplo a Franco se le ha llamado “valeroso general que emprendió una cruzada” en vez de “generalísimo golpista” para intentar corregir un superlativo creado por él en si mismo o en “simismísimo”, y para que nuestros jóvenes puedan escribir correctamente el castellano también llamado español verdadero. Siguiendo con este trascendental personaje de nuestra Historia, el corrector de Word cambió, sin intención de esos catedráticos de la memoria, la palabra totalitario por autoritario, más moderna y acorde a los poderes públicos actuales, que ejercen la autoridad con mano templada en lugar de con un brazo incorrupto, para que las cosas no se vayan de madre. También ha habido un ligero error al confundir a Franco con Negrín aplicándole a este último en sus funciones la definición de “...gobierno prácticamente dictatorial del socialista Negrín...”, en lugar de al primero, la de “...gobierno prácticamente socialista del dictador Franco...”. Incluso ha habido una errata de más actualidad cercana al escribir que “...España trata de conseguir y consigue dejar de ser un país de segunda en el concierto internacional, gracias a la decisión de José María Aznar de apoyar la actuación norteamericana de Bush Jr. en Irak...”, cuando lo que se quería decir realmente es que “...España es un país de primera en el concierto internacional y en lugar de tocar la flauta por casualidad, gracias a la firmeza de José María Aznar, toca ahora el clarinete como Woody Allen...”





















Para salir al paso de las críticas malintencionadas, como todas las críticas, el director de la R.A.H., G. A., ha manifestado que “...aquí no se hace censura previa como se hizo en Oxford (de la Pérfida Albión) al elaborar su diccionario, en base a los principios de la libertad intelectual que nos mueven...”. Libertad pseudointelectual como la del catedrático y cardenal A. C., respaldado unánimemente por la jerarquía católica tanto franquista como no franquista –representando así democráticamente a todos– con grandes aplausos, en una reciente conferencia sobre el tema y que fue escuchada con suma atención –aunque ya sin aplausos–, por los ex-ministros del PP, F. T. y A. A.
Finalmente intentando calmar las aguas del mar rojo, G.A., amante de un mar azul como el Mediterráneo –que no el de Serrat–, ha comunicado que corregirán las múltiples e involuntarias erratas –mayoritariamente producidas por el corrector gramatical automático del Word– y en un futuro ya próximo, si hay nuevas subvenciones del cercano gobierno mediterráneo salido de las urnas, se volverá a reeditar la edición impresa que casi nadie compra ni lee, a pesar de su alto coste en papel y tinta, actualmente almacenada casi intacta en los sótanos de esta Real Institución de la que sus miembros todavía no han tenido tiempo de releer lo dicho y escrito en esa magna obra.

Por fortuna, como siempre, la Historia se repite. ¡Estamos en buenas manos!




viernes, 3 de junio de 2011

Ah!, de artista. Por amor al Arte

Instalación Aleatoria Efímera

Cuantos curators ("cureitors"), curadores o curanderos, conservadores, museólogos y museógrafos, correos del Zar, comisarios, asesores de arte, críticos y charlatanes, galeristas, directores de ferias y circos, además de altos cargos públicos y políticos, funcionarios de rango medio y alto, y gestores culturales; todos ellos de ambos sexos para ahorrarnos: los/las, es/as y os/as excepto en curators, correos, galeristas y cargos. ¿Cuántos profesionales, repito, de entre todos estos nobles oficios relacionados, le corresponden a cada artista consagrado de ambos sexos? Hablando de España, claro está, no de Acerbaiyán. Quién lo sabe; seguramente centenares o tal vez miles.

El artista, una vez consagrado -en caso de estar vivo-, ha logrado por fin sobrevivir regular, bien o muy bien, gracias a la venta de sus obras en todas las categorías, empezando por la pintura y terminando en la instalación efímera. Pero ¿y ellos?, todos esos buenos profesionales, ¿sobrevivirán regular, bien o muy bien, curando, conservando, musealizando y museografiando, acompañando, comisariando, asesorando, criticando y charloteando, exponiendo y exhibiendo, publicitando, politizando, haciendo pública y gestionando la vida y obra de todos los creadores consagrados?

Juguemos al juego de “Viceversa”: cuántos artistas no consagrados, jóvenes o viejos, emergentes o sumergidos –todavía vivos– que no disponen ni de un mal curator, comisario o crítico entre toda esa muchedumbre de profesionales que echarse a la boca, ¿cuántos de estos artistas, me pregunto, le corresponden a cada uno de esos profesionales prolijamente ennumerados? Tampoco lo sabemos. Es posible que centenares o incluso miles. Entonces, si es así, ¿porqué todos aquellos artistas que poseen el arte de vivir pero no viven del Arte, no lo hacen también gracias a estos, llamémosles profesionales del Arte (PDA), que han aprendido a vivir gracias a sus afortunados colegas, los artistas consagrados (ACS), regular, bien o muy bien?

Esto es un misterio aún mayor que la multiplicación de los panes y los peces. Centrémonos ahora en uno solo de todos esos PDA para que esto no se convierta en “Las mil y una noches”: el crítico de Arte de ambos sexos. Los grandes críticos de Arte (GCA), conocen y comprenden la obra del artista consagrado antes incluso de la existencia de la misma. Antes de que el propio artista la genere, incluso, aunque no la llegue a crear jamás los GCA la anticipan. Son visionarios, profetas contemporáneos del futuro en el espacio-tiempo. Místicos cuánticos. Espíritus Santos por su obra y gracia en el Arte de la Nada. En cierta medida, están marcando el camino con los rieles del conocimiento artístico a los propios ACS vivos, anticipándose a su obra e incluso a su nacimiento como tales. Ellos, los GCA, son en sí mismos el objeto del Arte, y los únicos que les llevarán la contraria enrabietados, serán los artistas fracasados, los sumergidos, los no-emergentes, los emergentes tempranos o tardíos, los resentidos, los marginados; aquellos de los que los GCA jamás escribirán una sola línea profética, hasta que dejen de serlo por muerte artística o natural, o cubriendo las bajas de los ACS como es ley de vida. Los GCA, enriquecen también la obra del artista diciendo de ella lo que el artista no supo decir o no dijo por hueca, añadiéndole contenidos y atributos. En resumen: dándole alma. Por ello es una injusticia que muchos de estos GCA no formen todavía parte de los Museos o Salas Temporales, en vivo o en vídeo, representados en instalaciones permanentes o efímeras e instalados con la psicofonía de sus voces formando parte del éter del Arte.

Volviendo de lo concreto a lo genérico, para compensar el manifiesto desequilibrio entre la población de artistas no consagrados (ANCS) y la de los PDA, estos últimos dieron en idear un sistema equilibrador: las Exposiciones Colectivas (ECS), itinerantes o no. De esta manera su actividad no se limitaría a gestionar exclusivamente a los ACS –notoriamente escasos–, pudiendo ampliar así su campo de trabajo y su nivel de vida. Con ese práctico sistema posibilitaron la incorporación a los circuitos del Arte de los ANCS, jóvenes o viejos, emergentes o sumergidos. Todos estos artistas tendrían, por fin, cabida en alguna de esas ECS aunque fuera en el trastero de una Caja de Ahorros Rural, con o sin Monte de Piedad. Incluso con suerte y corriendo en ocasiones con todos los gastos, alguno de esos ANCS tras varias ECS, podrían alcanzar el mérito de una exposición individual en cualesquiera de esos recintos olvidados. Hasta ahí, todo correcto. Los PDA ampliaron sus áreas de trabajo y se vieron incluso saturados de ofertas bien remuneradas en las etapas de mayor explendor cultural institucional. El problema surgió al echar cuentas. Los ANCS verificaron que a pesar de exponer muchas veces diferentes obras de diferentes maneras, mediante variadas combinaciones con diversos títulos y en multitud de espacios, seguían teniendo arte para vivir pero continuaban sin poder vivir del Arte. El porqué era muy sencillo: los PDA cobraban y ellos, los ANCS, no, nunca, jamás.

En contadas ocasiones algunos ANCS tuvieron la osadía de preguntar el porqué de ese: no, nunca, jamás. Siendo contestados agriamente por los PDA recriminándoles, si es que no tenían ya suficiente con la exhibición, como para querer además remuneración, o que, a donde iban a llevar todas estas ambiciones pecunarias al Arte. Los ACS intervinieron también manifestando que para llegar a serlo, ellos, cuando todavía eran ANCS tuvieron que pasar por todo aquello, tragando sin rechistar. De entre los PDA surgieron las voces de los GCA pontificando que la esencia del Arte puro era la no remuneración y que el dinero, que todo lo ha contaminado desde los Lidios hasta ahora, debería permanecer alejado de las manos de los ANCS –única esperanza de esa pureza además de cantera de los futuros ACS– para no comprar su libertad ni disparar los costes. Para enredar aquello aún más, intervinieron los MUAC (Marchantes Unidos de Arte Contemporáneo) manifestando sin venir a cuento, que ellos eran los únicos que tenían derecho por ley para vender y cobrar las obras de Arte de los ACS y de los ANCS, y que las Instituciones de Arte y los Centros de Arte Contemporáneo (en adelante IAYCAC), deberían mantenerse al margen de la polémica.

Por mi parte, a pesar de pertenecer a los ANCS, estoy hecho un lío con tanta sigla y tanta gente, pero puedo aportar alguna excepción que confirme la regla: hace unos años, de forma espontánea, una IAYCAC, sin haberlo yo pedido, me donó 70 € por la cesión de una obra -que se encargaron de enmarcar-, para una ECS itinerante durante varios años por varias capitales europeas y del Asia Menor, tras los cuales volvió a mis acogedoras manos con marco y todo. Por ello me siento obligado como miembro también de los estómagos agradecidos del Arte (EAA) a corresponder haciendo aquí y ahora publicidad de esa IAYCAC –subrayándola–, que tiene por nombre Instituto y por apellido Cervantes, y que pasea nuestra Ñ como bandera y sigla por todo el mundo, dando ejemplo de que los ANCS también tenemos derecho, igual que los músicos y los artistas de cine como afirma la ley Sinde (SINDE), a recibir algún consuelo de vez en cuando en forma de moneda, a pesar de no pertenecer a la SGAE (Sociedad General de Autores de España).

Tengo que añadir que igual que en el caso de la Ñ, hay también otras honrosas excepciones entre los PDA, los GCA y los MUAC, que confirman la regla. Excepciones entre las que me honro de tener muy buenos y pocos amigos de ambos sexos.

Finalmente no debemos poner en duda, que lo realmente importante, no es el Arte, ni los ACS, ni los ANCS; sino su interpretación. Sin ella, como opina una rama de los GCA, los CAARS (Críticos de Arte Anónimos Radicales), el Arte no existiría ni habría existido jamás desde Altamira hasta hoy. ¿Qué es más importante, el continente, el contenido, o el manual de la lavadora? Evidentemente este último porque sin él es imposible lavar la ropa sucia.

Vayan aquí mis respetos a todas las siglas antes mencionadas, por orden alfabético para que sirvan de recordatorio al confundido lector (CL), concluyendo que en el mundo del Arte (MA) si no perteneces a alguna sigla, ni siquiera existes: ACS (Artistas Consagrados), ANCS (Artistas no Consagrados), CAARS (Críticos de Arte Anónimos Radicales), CL (Confundido Lector), EAA (Estómagos Agradecidos del Arte), ECS (Exposiciones Colectivas), GCA (Grandes Críticos de Arte), IAYCAC (Instituciones de Arte y Centros de Arte Contemporáneo), MA (Mundo del Arte), MUAC (Marchantes Unidos de Arte Contemporáneo), PDAS (Profesionales del Arte), SGAE (Sociedad General de Autores de España), SINDE (Ley Sinde) y Ñ (Instituto Cervantes). Confío no haber olvidado ninguna capitular o confundido a algún paciente lector. De ser así, admito curadurías de Arte o corredurías de Seguros.


martes, 24 de mayo de 2011

¿Existe un 6º sentido?

Según opinan los parapsicólogos, entre el tacto y el gusto, hay un sexto sentido homónimo que permite a los que tienen la dicha de poseerlo, ver cosas que los demás no vemos; aunque nos las creamos. Muchos de estos videntes trabajan como directores, redactores o columnistas en revistas como Más Allá y tienen como brújula a Jiménez del Oso (q.e.p.d.). Otros más modernos colaboran en Cuarto Milenio a las órdenes de Iker Jiménez. Los de naturaleza dominguera o excursionista, salen los fines de semana a la sierra de Madrid siguiendo a Pitita Ridruejo esperando encontrarse con la Virgen subida en una encina, igual que hacen los pastorcillos en las cuevas donde guardan sus rebaños, invocando apariciones marianas que conviertan sus ovejas comunistas a la verdadera fe. Los más arriesgados, aficionados al alpinismo, suben al Machu Picchu para localizar extraterrestres y hablar con ellos como hizo Moisés en el Monte Sinaí. Otros, famosos e ídolos populares, como el Papa o el Dalái Lama, ven incluso a Dios o a Buda, y charlan con ellos. Después nos lo cuentan y algunos les creemos y otros no. Depende de dónde hayamos nacido y estudiado. Tampoco es tan dañino, creer o no creer en lo que no vemos.
Desgraciadamente, yo no soy como esos videntes. No veo nada, estoy parapsicológicamente ciego. Pienso que existe un sexto sentido, también, pero creo que es el del humor. Y no me estoy refiriendo a bromas como las de Esperanza Aguirre o Pepín Blanco, ni a chistes malos como los referidos a Fernando Morán en el pasado, a los clásicos sobre los habitantes de Lepe, o a los actuales y muy peligrosos sobre “Majoma” o el funeral acuático de “Ven Loden” (escrito así para eludir a los buscadores). No, me refiero al humor en su sentido más griego, que fueron los primeros que para dejar de llorar comenzaron a reírse de la vida, regalándonos afroditas y apolos. Sentido primordial del que carecen los políticos, los mandos militares y la iglesia aunque sean griegos. Será que están operados de amígdalas.
Ya me gustaría a mí ver lo que dicen ver todos esos videntes para poder reírme dos veces. Entonces tendría, no seis, sino siete sentidos, además de trabajo en prensa o en televisión. Sería un privilegiado y eso no está bien visto con los aires que soplan.


Dejémoslo estar. Centrémonos en ese sentido, que como dicen en Andalucía: “tiene guasa”. Una amiga mía me comentó en una ocasión haber leído, que solo un 20% de la población humana captaba la ironía. Aquello me llevó a deducir que ese debería ser el porcentaje de los que poseen este sexto sentido al que me he referido: el del humor. Por lógica mundana el porcentaje está mal repartido, como todo. Los alemanes por tradición, nunca tuvieron mucho, y si no, que se lo pregunten a Hitler los documentalistas de Cuarto Milenio. Aunque desde entonces hasta Angela Merkel, han mejorado bastante, llegando incluso a superar el 3% de su población activa. En Libia, Siria y Palestina, con Muamar, Bashar e Israel, no creo que les queden ganas como para superar mas allá de un 1%, en el que incluyo a los dirigentes y a sus familiares. En Ruanda, a los Tutsis después de las bromas que les gastaron los Hutus, no les quedó ningún sexto sentido a los que salieron vivos o resultaron mutilados. De China no hay porcentajes fiables después de las últimas purgas, aunque se sabe que en el pasado mataban a sus enemigos de risa haciéndoles cosquillas. Y en Rusia, viendo las caras de Stalin y Putin no me atrevo a hacer afirmaciones gratuitas.
Donde siempre ha habido un alto porcentaje de este sentido ha sido en Inglaterra. No hay más que ver a su monarquía y observar a sus grandes escritores y cineastas: Shakespeare, Dickens, Chesterton y Hitchcock, entre otros. Además está el popular y muy conocido humor inglés serio, exceptuando el de la reina Isabel que fue operada de amígdalas de niña. A los mexicanos les sobra, si escuchamos sus corridos y rancheras y no nos metemos con los narcos. Y los norteamericanos con Allan Poe, Lovecraft, Mark Twain y Woddy Allen van sobrados. Los franceses apelando a Robespierre, Tati y Depardieu y los italianos a Dante, Sordi y Gassman, estarían en porcentajes. Pero ¿y los españoles? Aparte de Torquemada, Cervantes, Quevedo y Gila, depende de la comunidad a la que pertenezcamos, porque no es igual la sardana y el chotis que la jota y las sevillanas. Aunque sin ser demasiado optimistas podría oscilar entre un 15 y un 35% para compensar las carencias del resto del mundo, a pesar del paro del que aún tenemos valor para reírnos como Manolo Escobar: enseñando la dentadura. A los portugueses, el fado y Angela Merkel –¿que fijación tendré yo con esta mujer?–, les han quitado la alegría, por lo que su porcentaje no andarán más allá del 12% gracias al bacalao. En cuanto a los griegos, que se podría decir que son los que lo inventaron, su porcentaje era el más alto y todavía les dura, a pesar del rescate de la CEE –que pagarán caro–, gracias al sirtáki.


No está mal un 20% de media, creo que con ese porcentaje ganaríamos ampliamente a los videntes. Pero a ellos les toman en serio, y a nosotros no. Sobre todo, porque no sabemos contener la sonrisa mientras ellos exhiben muecas sombrías.
Hablando del humor, si cae la breva, seré contratado por el director de un diario gratuito o de provincias de pago, para publicar columnas diarias como esta, exceptuando los lógicos días de descanso serio. Con una oferta justa por columna y vacaciones pagadas, podría vivir dignamente sin necesidad de mantener sonrisas congeladas para alegrarme la vida. Desafortunadamente una vidente me ha dicho, que no caerá esa breva. Y yo, debo reconocer por lo “bajini”, que a veces les creo. Porque también aciertan, aunque sea por casualidad.

lunes, 23 de mayo de 2011

Dulcinea

(A Octavio, y a J.M. Aparicio allí donde esté)

Este país de países diferenciado de los demás por la ñ, igual que el agua de Carabaña, ayer se levantó naranja claro y se fue a la cama, azul cielo. Como los ojos de Cospedal. Difícil excepto para Bécquer, mirarle a los ojos y poder decirle: ¡cielo! Aunque su pupila fuera azul cuando anoche sonreía. Nos queda todavía ver pupila para rato y no considero que su color tenga propiedades atornasoladas, ni que dispongamos de suficiente confianza todavía como para aplicar epítetos como ese.

Esta Dulcinea de la Mancha, va a cambiar, por fin, los gigantes en molinos: que producen más aunque tengan menos corazón. Se la va a dar con queso, no solo a los manchegos sino a todos los castellano-manchegos para que no vuelvan a pasar hambre, intentado subir la renta per-cápita de todos ellos hasta igualarla con la suya. No sé que opinaría hoy Don Quijote, ni si sería capaz ahora, en estos tiempos, de volver a convertir a esta moderna Dulcinea conservadora en la dama de sus sueños. En su dueña y señora al menos durante los próximos cuatro años. Quizás. Al fin y al cabo, también se equivocó con la del Toboso a pesar de los consejos de Sancho.

Me temo que a Cospedal –de apellido más fácil de retener que su doloroso nombre compuesto–, se le ha clavado una espina en su pequeño corazón (comparado con el de los gigantes) y esa espina se llama Bildu. Aunque esté lejos y nadie –excepto ellos– sepamos lo que significa esa palabra o sigla. Pero duele. Si ella hubiera estado al mando de los Tribunales –como pretende conseguir en adelante para profundizar en la democracia–, esa espina no se habría clavado en su tierno corazón y este país con ñ sería aún más azul cielo que ahora. Corren rumores, también, sobre su intención reformadora, al pretender sustituir en su mesilla de noche, la lectura de Fernando Sánchez Dragó por la de Arturo Pérez Reverte. Más acorde a este siglo. Dejando la todavía inacabada lectura de “Gárgoris y Habidis” por el guión más actual de “Gitano”, plagio llevado recientemente al cine; según ha declarado el Tribunal Supremo antes de llegar a ser perfeccionado por Cospedal en un futuro próximo.

Y esto, sé, ñoras y ñores, que es lo que todos hemos querido. Unos cuantos votando al rojo, bastantes al naranja, algunos al amarillo, muchos al azul y el resto -que no son pocos- al blanco; o a ningún color por error u omisión. Todos estos colorines mezclados, han dado como resultado el azul cielo (erróneamente llamado por algunos azul claro) que es donde habitan Dios y todos los Santos. El resto viviremos un tiempo en el infierno que está más calentito. Al menos los próximos cuatro años.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Breve ensayo sobre el trabajo


Hemos tardado tiempo en aprenderlo pero finalmente lo hemos logrado gracias a los informativos: El dinero siempre es productivo para alguien, aún habiéndolo puesto en fondos en algún banco islandés. El trabajo, no.

Cuantas veces habrán dicho nuestros gobernantes, el director del Banco de España y la patronal a los trabajadores, que tienen que reciclarse sin descanso durante toda la vida laboral activa -hoy en día más longeva que en la Edad de Piedra-, para poder aumentar la productividad del país hasta su extenuación o jubilación. A pesar de estos sabios consejos, según el mercado mundial esos trabajadores continúan sin ser productivos a pesar de intentarlo de buena fe. Sin embargo, el dinero siempre lo es, aunque desaparezca de unos bolsillos para aparecer en otros opina, el mismo mercado, que es un ente que nadie ha visto pero que todos sabemos, existe. Y ese dinero que tampoco vemos es muy productivo aunque no se recicle. Si lo hace cambiando de manos, todavía lo es más porque aumenta su productividad exponencialmente. Forma parte de su valor intrínseco, no como el trabajo -que solo produce sudor en la frente y mal olor en las axilas- o la falsa moneda que van de mano en mano sin producir nada, porque nada valen. El dinero es como el Plutonio 239, que aunque esté inmóvil en una vasija, no deja de producir y producir radioactividad durante toda su vida activa: unos 24.131 años. Si un trabajador tuviera una vida laboral tan longeva, ¿cuántas veces debería reciclarse? Pongamos un falso ejemplo: Una central nuclear segura explota matando a todos sus trabajadores, estén reciclados o no, y liberando el plutonio encerrado en ella. Esos trabajadores, en el hipotético supuesto de que en alguna ocasión hubieran sido productivos, habrían dejado de serlo desgraciadamente. Sin embargo el Plutonio 239 liberado, no. Solamente hay que saber ¿donde? y ¿como? colocarlo para que no nos haga daño y nos proporcione luz eléctrica y calor a los consumidores, y dinero a sus legítimos dueños mientras siga liberando energía.


Definitivamente: El trabajo no es productivo; el dinero, sí. Ya lo ha demostrado Telefónica. Si ha ganado más de 10.000.000.000 € este último año, ha sido gracias a los accionistas captados y a los contratos conseguidos por sus altos ejecutivos, no a sus más de 30.000 trabajadores en España -rémoras de una empresa estatal felizmente privatizada- contestando a preguntas estúpidas de los usuarios. Por eso despedirá en los próximos años al 20% de ellos y no a los accionistas ni a los ejecutivos. Ni –en un generoso gesto– a los 24.000 restantes, más jóvenes y baratos que los 6.000 viejos sobrantes. Con ello aumentará la productividad y los SMS en esos próximos años. Es el dinero de estos callados accionistas el que ha generado tanto beneficio, no el esfuerzo ni las voces de los trabajadores. Y para generar ese beneficio, los accionistas no han tenido que reciclarse. Ni siquiera moverse de sus casas. Solamente con prestarle sus capitales a dicha empresa, ha sido suficiente. ¡Y muy rentable por cierto! Para que todo siga siendo así y los fieles accionistas no caigan en la tentación de retirar sus acciones saliendo de sus casas, Telefónica deberá seguir mandando progresivamente al resto de la plantilla a las suyas hasta quedarse únicamente con los directivos, a los que por su productividad vendiendo el Paraíso les han premiado con unos pocos “bonus buenus”. Unos 500 millones de euros: solamente el 5% de los beneficios obtenidos. A los despedidos, ¡pan y cebolla!

Hagamos otro esfuerzo de imaginación para generar en el futuro energía muy barata. Creemos centrales nucleares seguras s.e.u.o. (salvo error u omisión), utilizando la mano de obra y la salud de los agentes productores para construirlas y el dinero de las Eléctricas para pagarlas, que ya habrá tiempo para devolvérselo con creces. Después de construidas, esa misma mano de obra antes de perder la salud deberá ponerse a fabricar nano robots, robots de talla media y robots gigantes que les sustituyan cuando ya no puedan más. Estas centrales estaría atendidas por toda esa caterva de robots a los que ningún Plutonio hace mella. Mientras, el personal humano ya se habría jubilado y estaría a salvo lejos de allí, habiendo abandonando sus casas y estando a cargo de sus familiares más jóvenes gracias a la ley de dependencia, o en residencias habilitadas para su fin. En caso de porducirse un S.E.U.O. nadie lamentaría la destrucción de todas esas máquinas y el resto solo sería cuestión de hacia donde soplara el viento, y eso solo lo saben Dios y el recién beatificado Juan Pablo 2º.

Volviendo al presente “chungo” que es la base de nuestro futuro, si China nos compra muchos bonos del tesoro (esa especie de cromos que fabrican los gobiernos) con el dinero obtenido en los “todo a cien” o en los “chinos”, España crecerá y los españoles, catalanes, vascos, gallegos y andaluces de Jaen, aceituneros altivos, también, porque seremos productivos; si no, los parados tendrán que reciclarse hasta el fin del subsidio de los tiempos. En el fin de esos días, cercano ya, la población humana estará dividida en solo dos razas: los que salen en televisión y el resto; que son los que la ven y a los que pertenezco por derecho propio. A todos aquellos que decidamos apagarla por no querer ver más la realidad, nos acusarán de racistas, siendo castigados por ello. No sin empleo y sueldo, que ya solo existirán como un lejano recuerdo, sino a no poder reciclarnos en nada, ni siquiera en humo, y mucho menos en humo enamorado.

viernes, 13 de mayo de 2011

¿Hay vida después del telediario?


En una ocasión, escuché decir a un tertuliano serio –una de esas personas que emiten opiniones o perogrulladas como si fueran verdades absolutas–, que lo seres humanos tenemos el número de respiraciones contadas; sin emitir una cifra. Yo voy a ir aún más allá que Perogrullo. En mi opinión y sin que nadie se ofenda diré una mentira: estoy convencido de que el número de respiraciones al que se refería el tertuliano aquel, era de 294.336.000. Cifra mágica. Esta cifra a pesar de ser falsa, es una gran verdad matemática. ¿Que porqué? Porque es el resultado de ponerme a respirar con el segundero a mano y comprobar si sigo vivo después de respirar 7 veces exactas en un minuto que es el tiempo que se tarda en leer esta frase sin comas. Esto también sería una mentira matemática, porque es imposible dividir 60 segundos entre un número primo, el 7, y tener una respiración tan acompasada que nos dé: 8,571428571... segundos –guarismo que me ofrece mi la calculadora– por bocanada. Pero ¿a qué viene mentir tanto? A que pensaba que si hacía ese cálculo para 80 años, la cantidad resultante de multiplicar 7 respiraciones x 60 minutos x 24 horas x 365 día x 80 años, coincide con la cifra mágica y procurando respirar más despacio, ese número se alcanzaría más tarde prolongando mi vida algunos años extras. Mirando de nuevo el segundero intenté respirar una vez cada 10 segundos, comprobando que salían 6 respiraciones exactas por minuto, que no me había asfixiado y que incluso me sentía mejor. Sobre todo después de haber hecho algunos cálculos matemáticos respirando a ese ritmo y verificar que iba a vivir 93 años, 121 días, 15 horas, 59 minutos, 59 segundos y unas décimas. Desde que nací, no desde ahora. Que no está nada mal. Incluso estaría dispuesto a regalarle a alguien que lo necesite más que yo, esos 121 días y pico. Hay que ser generoso en esta vida. Ahora voy a hacer un punto y aparte para tomar aire, aunque viva algo menos.

Me acabo de dar cuenta de que he cometido un error importante. No he tenido en cuenta los años bisiestos, esos que tienen un día más cada 4 años, el 29 de febrero –confío en que no sea el cumpleaños de ninguno de ustedes– por lo que yo viviré 24 días menos. Para corregir esto sin acortar mi vida y seguir siendo generoso, le he pedido a la persona a la que le iba a regalar esos 121 días y pico, que me devuelva 24. Que tampoco 97 días y ese pico de vida extras están tan mal. Se pueden hacer muchas cosas buenas en ese tiempo. Con estos cálculos que son producto de una vida dedicada al cálculo infinitesimal, espero contribuir a que todo el mundo pueda saber cuánta vida le queda, sin tener que recurrir al horóscopo o a una pitonisa.

Pero algún pero tenía que haber. No he tenido en cuenta a alguien muy importante: Dios. Él tenía que intervenir porque no se puede estar quieto. Por eso decidió para ser justo, que todo el mundo al nacer tuviera el mismo número de respiraciones; solamente hasta que Él lo decidiera. Algunos vivirían solo un suspiro y otros como yo, superando ya los 196.646.400. Por lo que todavía me quedan muchos, si Dios quiere. Quien desee conocer mi edad, que haga sus cuentas con los datos aportados. Yo he puesto las bases para el conocimiento científico y ya solo por eso merecería llegar hasta mi último suspiro: el 294.336.000.

Es cierto que mucha gente, no muere por falta de aire antes de ese último suspiro, sino por hambre, o por accidente, enfermedades, desgracias y cataclismos provocados por Dios, o al menos consentidos. Y en caso de no existir Él –como afirman algunos–, por culpa entonces de los seres humanos, los animales o la Naturaleza, que es peor. Dios no, y la Naturaleza divina tampoco, pero yo sí querría que todo el mundo alcanzara esa cifra mágica conmigo. Dicen también, que los que creen en Él y rezan, o los ecologistas radicales, viven más. No dispongo de estadísticas para rebatirlo, ni tampoco viene al caso.

Para hacer más rico este debate, deberíamos incorporar otro parámetro muy de actualidad: los telediarios. ¿Cuántos telediarios tenemos contados? Si somos ecuánimes tanto con las televisiones públicas como con las privadas podríamos tomar como referencia 6 al día, haciendo zapping. Voy a seguir siendo generoso con el prójimo concediéndole una esperanza de vida igual a la mía, que descontando los días y pico regalados era de 93 años, aunque conozco gente que vive y ha vivido más. Tal vez por respirar menos o por rezar y reciclar más. Tomándome a mí como modelo, que soy el que tengo más a mano, cuando nací, todavía no había llegado el telediario ni la televisión a España. Solamente daban unas noticias por la radio llamadas “partes” y eso no cuenta, ni el NODO tampoco. “Ya está aquí el parte”, decía mi abuelo el rojo, que siempre sintonizaba Radio Intercontinental “la más musical”. A continuación se apresuraba a apagar la radio, terminado ya el dichoso “parte” antes del consabido, “Viva Franco, arriba España”, seguido de un himno –no de Riego precisamente–, para evitar tener que ponerse firme con el brazo en alto y yo con él con las palmas de las manos mirando al sol. Pasados unos minutos, concluido ese fragor no escuchado por los dos, volvía a conectar “la más musical” para oír cantar a Antonio Molina para mi desgracia y la de los trabajadores del Valle de los Caídos. Hasta mis 8 años ya cumplidos, no apareció el primer telediario en la única televisión española, la TVE, aunque en casa no la teníamos aún. Después vino el UHF llamado por los más patriotas la Segunda cadena y más tarde la abundante actualidad que hoy todos conocemos. Por eso, haciendo un promedio justo, vamos a multiplicar una media de 4 telediarios diarios desde mi nacimiento hasta mi muerte a los 93 años, por 365 días al año –añadiendo en esta ocasión los 23 días por los bisiestos– y nos salen 135.873 telediarios de vida media, de los que a mí me quedan 44.691 (s.e.u.o.) que no es poco si uno tiene el alma inquieta y ansias de saber.

Si fuera posible ver solo dos telediarios al día, yo estaría dispuesto. Seríamos más longevos aunque fuésemos menos cultos. Pero no lo es, porque entonces viviríamos 186 años y Dios, o los seres humanos, los animales, la Naturaleza e incluso las plantas venenosas y el terrorismo internacional, tendrían que aniquilarnos antes. Ese será nuestro castigo, escuchar cuatro veces al día a los locutores de moda y dentro de poco, de nuevo a Urdaci otros 8 años más. Lo siento, pero en estos temas científicos no hay más remedio que hacer futurología y eso me dice el tarot. Lo que no me dice este es: cuantos telediarios le quedarían al locutor recuperado antes mencionado, para poder volver asomarse a la pequeña pantalla. En mi noble afán de intentar prolongar la vida útil de los humanos y de los adjetivos, sin contrariar a Dios ni a los Académicos de la Lengua, he pensado que tal vez suprimiendo ese último telediario, el de Urdaci, que es el que más se parece al “parte” que escuchaba mi abuelo, y quedándonos solo con 3, aumentaría nuestra esperanza de vida hasta los 116 años y medio. Pudiendo regalar incluso 16 años y medio de vida a alguna niña hindú, para ser generosos con el tercer mundo. Vivir 100 años, no es imposible (acabo de comprobar con horror al verificar datos sobre el Valle de los Caídos por Dios y por España, que Franco todavía vive en una página web, www.generalisimofranco.com, la suya). Tras este paréntesis, al desaparecer el cuarto telediario de nuestra vida diaria, esta sería más saludable y gracias a los avances de la medicina geriátrica, la edad propuesta resultaría viable. Siempre que Dios o los seres humanos, los animales, la Naturaleza, las plantas venenosas, el terrorismo internacional, el pacto de Toledo, Urdaci, e incluso esa página web inmortal nos lo permitieran.

Recientemente, una de las dos Españas –a ninguna de las cuales pertenezco por derecho propio– ha dejado de ver el telediario de Gabilondo. Mejorando así su esperanza de vida a costa de su calidad. Yo propondría un reparto justo en el que una España solo viera Canal Sur, la Sexta, la Cuatro y la 2 de TVE con Gabilondo como opcional sustituyendo a alguna de las tres anteriores, y la otra España, Telemadrid, Veo 7, Intereconomía y la 1 de TVE con Urdaci, sustituyendo a alguna de estas otras tres.

Yo, si quieren que les sea sincero, no desearía vivir tanto.