viernes, 24 de agosto de 2012

Un apropiacionismo místico




   Recientemente se ha producido un sorprendente hecho místico-cultural, suficientemente difundido en los telediarios de las distintas cadenas públicas, autonómicas y privadas, así como en la prensa de información nacional e internacional, que ha conseguido hacer bajar la prima de riesgo y subir el Ibex simultáneamente, sin que los economistas más avispados hayan podido aportar explicación racional alguna. Me estoy refiriendo a la restauración-transmutación de una pintura realizada sobre la pared de una pequeña iglesia del pueblo baturro de Borja. Dicha pintura o fresco, datada a finales del siglo XIX o principios del XX, representa –mejor dicho representaba– un hermoso retrato de un Cristo doliente cubierto con su correspondiente corona de espinas. La autora de dicha transmutación mística, autodenominada como “restauradora al servicio de la Iglesia”, tal vez dirigida por el soplo creativo del Espíritu Santo, ha conseguido transformar una pintura muy común denominada, Ecce Homo, como muchas otras similares, en una intervención del Arte Contemporáneo. Voces rasgavestiduras se han alzado implorando una rápida derrestauración o deconstrución de esta nueva obra, cumbre del apropiacionismo artístico de vanguardia de origen religioso, para devolverla a su penoso estado anterior. Jamás el pueblo de Borja, ni su alcalde, ni su ermita, ni su Cristo, ni esta restauradora octogenaria por la gracia de Dios, habían tenido mayor cobertura informativa que en estos días de abulia generalizada entre la población creyente o descreída. Escasos por no decir nulos visitantes habrían realizado peregrinaje alguno con objeto de visitar esa pintura hoy ya transmutada, ni a la iglesia, ni al alcalde y ni siquiera al concejal de cultura de ese pueblo zaragozano. Frente a la opinión del párroco local de que "hay que tapar la nueva pintura para evitar mofas", manifestando que "era una obra no catalogada que antes de la actuación autónoma de esta vecina se la comía la humedad"; yo me permito opinar todo lo contrario. Si Dios ha permitido todo ello sin fulminar a su autora, es que ha sido esa su santa voluntad. Hay que adaptarse a los tiempos que corren y la promoción casual de este hecho, se debería aprovechar como promoción turística para tan hermoso pueblo.
   Por otra parte, la nueva pintura está llena de modernidad y recuerda al estilo de Modigliani en sus momentos más inspirados. De haberlo hecho, ¿como habría interpretado Modigliani a un Cristo?: seguramente así, de forma muy parecida a lo hecho por la anciana creadora. 

   He dejado pasar 24 horas, como suelo hacer habitualmente para macerar las letras, y oigo en las noticias con sorpresa y satisfacción, que mis pensamientos de papel han sido escuchados antes incluso de su publicación. Son ya más de 11.000 firmas, más del doble de la población de Borja, las que defienden la permanencia de esa nueva pintura ejemplo del apropiacionismo místico, en lugar de ocultarla a la vista de los estudiosos como propone el párroco. Incluso un trabajador de la gasolinera de Borja afirma no haber llenado en toda su vida laboral tantos tanques de vehículos visitantes como en estos días; unos atraídos por la fe y otros por la curiosidad, esa forma de fe tan nuestra. Los comerciantes del pueblo y la mayoría de sus habitantes ven en este hecho providencial el punto de partida para el futuro desarrollo de un pueblo que no lo conseguiría mediante las políticas involucionistas y de recortes de Rajoy, ni mediante el poder emanado de la faz del Cristo de la pared ya desaparecido, y desde aquí insto a las autoridades de Borja a que registren rápidamente la nueva pintura ya que un avispado fabricante de camisetas se ha apresurado a ofrecerlas con la imagen a través de la Red por 12,50 €, gastos de envío incluidos. 

 
   Superado por esta realidad mágica y antes de que a alguien se le ocurra denominar este hecho como milagro, yo lo propongo ante las más altas instancias vaticanas, incorporándolo al catálogo de transmutaciones iniciadas tiempo ha con la conversión del agua en vino y de panes en peces, deseando que el ansia de peregrinaje que anida en nuestros corazones, dirija a decenas de miles de ciudadanos parados, movidos por la curiosidad o por el dogma, hacia los campos de Borja para fortuna de sus habitantes y mayor esplendor de esa afortunada villa.