jueves, 22 de noviembre de 2012

La vida como dación en pago


Parábola del pollo

     Un ciudadano de clase baja-media-baja trabajaba en una granja avícola dando de comer a los pollos y limpiando los detritus después de que estos hubieran hecho sus necesidades. Con los 12 dinares que el dueño de la granja le pagaba al mes por esos servicios, dedicaba: 2 para pagar al César, 1 para pagar la Seguridad Social del César, 1 para el copago en Sanidad del César para su familia y el de la Educación del César para sus hijos, 1 para vestirse y calzarse, 1 para calentarse o enfriarse y ver en la oscuridad, 1 para comunicarse con el mundo, 1 para desplazarse, 2 para cobijarse, y 2 para alimentarse. En ocasiones como consecuencia de vivir por encima de sus posibilidades, antes de llegar a final de mes ya había gastado los 12 dinares y tenía que pedir a un usurero conocido pequeños préstamos a un alto interés, que después devolvía en cómodos plazos tratando de ahorrar para ello en, vestirse y calzarse, calentarse o enfriarse, etc., etc., etc. Hasta el momento el ciudadano nunca había comido pollo, a pesar de pasar la mayor parte de su vida rodeado de ellos, ya que ese manjar equivalía a un año de su salario y no disponía de suficientes ahorros por tener un agujero en la mano.
     Un día, el precio de los pollos comenzó a subir bastante más que el de su salario, y al mismo tiempo, los usureros comenzaron a bajar los intereses de los préstamos. Al poco tiempo las fachadas de las casas y los árboles de los bosques se llenaron de carteles animando a comer pollo a todos los que no lo habían probado antes, y junto a esos carteles aparecieron otros ofreciendo grandes facilidades y bajos intereses para adquirir tan deseadas aves. El ciudadano, animado por la gula y por el brillo del papel cuché de aquellos carteles, se dirigió a la casa del usurero conocido para que le informara de la buena nueva. Este se ofreció a prestarle el dinero para comprar tan deseado pollo antes de que subiera de precio y a un interés mucho menor que el que le había estado cobrando hasta entonces por los pequeños anticipos. Para llevar a cabo esta complicada operación, primero el usurero tasó generosamente el pollo en 200 dinares, ofreciéndole a nuestro amigo 180 para que comprase además del pollo (cuyo valor en el mercado era en ese momento de 150 dinares) una vajilla y cubertería apropiadas, que él mismo le suministraría a un precio razonable para poder degustar el ave con propiedad. Para poder cubrir aquella compra, más los pagos correspondientes destinados a, escribas, pergaminos y pólizas, actos jurídicos documentados y no, registros y garantías, etc., el usurero se prestó a concederle finalmente 200 dinares. Aplazando esta cantidad a 20 años y sumando todos los intereses, además del pollo más la cubertería y los gastos ya mencionados, la cantidad final a pagar ascendía en total a 480 dinares: el importe equivalente a tres pollos y un ala. Para hacer frente al pago resultante aportando 2 dinares mensuales, nuestro amigo ciudadano, llamémosle José, tendría que apretarse las correas de sus sandalias y las de toda su familia durante 20 años más; pero no le importó, pensando que el comer pollo por primera vez cambiaría su vida y la de su familia para siempre. Como colofón, el usurero, llamémosle Lucas, le aconsejó que sería bueno que sus ancianos padres le avalaran con la cabra que poseían y con la pensión que estaba percibiendo el padre por haber trabajado toda la vida en la misma granja que su hijo, así, si en algún momento José tuviera problemas para hacer frente al pago mensual, ellos podrían echarle una mano.
     Resueltos finalmente estos pequeños detalles, ambos se despidieron con un apretón de manos y José tras dejar su huella impresa en multitud de legajos, feliz por el resultado, se dirigió por fin con el ansiado pollo hacia su choza para dar una alegre sorpresa al resto de la familia.


      Pasados unos meses, el precio de los pollos comenzó a crecer sin parar, al ser la demanda de la población cada vez mayor. Mientras, Pedro, otro trabajador más cualificado que José y sexador de pollos en la misma granja, aunque ya había probado ese manjar en ocasiones, decidió también comprar otras dos aves antes de que subieran aún más los precios. Uno para comérselo, y otro para engordarlo y llevarlo al mercado cuando la venta resultase beneficiosa. Pensó que era una mejor manera de invertir sus ahorros que la de ofrecérselos a Lucas, a una tercera parte de interés del que este le estaba cobrando a José. Como solo disponía de recursos para un pollo, el importe necesario para comprar el otro se lo pidió también al usurero, pensando que ya tendría tiempo para devolver el préstamo cuando vendiera el segundo, y tal vez con algo de fortuna, recuperaría además la mitad de los ahorros invertidos en el que ya habría digerido.
     Al poco tiempo, la mayoría de la población engordaba comiendo pollo sin parar. Las nuevas granjas y los usureros proliferaban por doquier, y todo el país tenía trabajo. Los súbditos eran felices y el César también porque amaba a su pueblo. Cegados por aquella orgía avícola muchos usureros como Lucas, al acabarse sus recursos personales y los depositados por sus clientes, debido a la cantidad de préstamos concedidos de los que obtenían un buen interés sin moverse de sus casas, acudieron a otros mercados de dinares lejanos solicitando préstamos a profesionales del ramo, pero a un interés más bajo que el que ellos concedían aumentando así exponencialmente sus pingües beneficios. Para obtenerlos, ofrecieron como garantía adicional los avales de las cabras junto a las pensiones familiares. Por su parte otros trabajadores cualificados y bien remunerados como Pedro, para no perder el carro de la diosa Fortuna, comenzaron a comprar y a vender pollos participando también en aquel enorme pastel, convirtiendo entre unos y otros al país en un mercado. Mientras, los dueños de las granjas se frotaban las manos criando manadas ingentes de tan deseados animales. 

       Pero un día, pasado  algún tiempo, la gente se hartó de tanta pechuga y muchos intentando adelgazar, se hicieron vegetarianos. Como consecuencia el precio de los pollos comenzó a caer en picado y pronto al no venderse casi ninguno, las granjas como primera medida para ajustar los costes de producción y mantener los beneficios, empezaron a despedir a sus asalariados. Primero le tocó a José y al poco tiempo a Pedro, porque ya ni siquiera había  pollos que sexar. También, el César comenzó a recibir cada vez menos tributos, hecho que agrió su carácter, haciéndole entrar en una profunda melancolía que le llevó a dejar de amar a su pueblo.
     Una mañana, Lucas, el usurero, se presentó en la choza de José para comunicarle que no estaba cumpliendo con lo acordado y que no había que tomarse el Padrenuestro al pie de la letra. Las deudas de no ser perdonadas, había que pagarlas, ya que de no hacerlo así tendría que atenerse a las consecuencias detalladas en los documentos que los escribas habían sancionado. José le explicó que al quedarse sin trabajo no tenía manera de hacer frente a las cuotas y que por precaución, solo se habían comido un tercio del pollo, salando el resto. Pensaba que al haber pagado ya con las cuotas hasta entonces el importe correspondiente a uno entero, tal vez con los dos tercios sobrantes  del pollo podría cancelar el resto de la deuda pendiente. Lucas le informó de que la tasación actual de los pollos estaba por los suelos, y mucho más la de los pollos mutilados, y que aún devolviendo lo conservado junto con la cabra de sus padres, todavía quedaba pendiente una deuda de más de 350 dinares, por lo que al día siguiente, como medida preventiva hasta que no devolviera esa cifra, vendrían a confiscarles las sandalias a toda la familia además de la parte salada del pollo, y a sus padres, la mitad del subsidio ahora recortado por el César, y por supuesto la cabra. 
       Entre tanto, el César que estaba empezando a aborrecer a su pueblo por no querer comprar ya más pollos, decidió prestar una gran cantidad de dinares a todos los usureros locales que comenzaban a tener dificultades económicas y de almacenamiento de tantas aves como cabras requisadas; dinares obtenidos mediante créditos concedidos por usureros extranjeros. Después para cubrir los intereses de aquella inteligente operación, el César emitió un edicto subiendo los impuestos y bajando los salarios, siguiendo los consejos de los Economistas del Imperio para compensar así la estabilidad presupuestaria. José por su parte no se quitaba de la cabeza el hecho de que antes de todo aquello, tenía trabajo a pesar de no tener pollo, trabajo que ahora había perdido junto al resto del ave que no había llegado casi a degustar, además de la cabra de sus padres que hasta entonces les proporcionaba leche y buena compañía. Pero ni siquiera toda aquella entrega o dación resultaba suficiente para cubrir el pago de una deuda que se presentaba, echando cuentas, más eterna que su Dios. Desesperado por ello y con aquel peso sobre los hombros, al día siguiente, a la llegada de Lucas el usurero rodeado de centuriones y reclamando lo que la ley decía que era suyo, se subió a la techumbre de la choza y arrojándose de cabeza contra la del usurero, terminó con la vida de este y por dación en pago, de la suya propia.


El paraguas y Mark Twain

     Para terminar, y como colofón a la parábola anterior, me referiré a dos dichos de otros tantos grandes hombres. Uno, escritor, Samuel Langhorne Clemens, apodado por él mismo como  Mark Twain, y otro, profeta, Jesucristo, el apodado por sí mismo Hijo de Dios. El segundo además de popularizar el estilo parabólico, popularizaba dichos muy sustanciosos entre los que he entresacado el de: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, pero dad. Que entonces y hoy querría decir que nada nos pertenece porque entre Dios y el César se lo reparten todo. En cuanto al primero, Mark Twain, me quedo con aquel dicho suyo definiendo a los hoy en día mal llamados banqueros, como: Esos señores que te ofrecen un paraguas cuando hace sol y te lo quitan cuando llueve.



martes, 18 de septiembre de 2012

El Estado del Mal-Estar




   Estamos asistiendo estupefactos a la creación del Estado del Mal-Estar. En vivo y en directo a través de las televisiones estatales y sus satélites autonómicos. Cualquier voz discrepante que desee el bienestar para la clase humana y que provenga de las ondas, es callada, despedida o fulminada velozmente, siendo suplantada por tiernos balidos coincidentes de bovinos. A los nuevos pregoneros en los telediarios oficiales, se les lee la vergüenza en los labios y en la cara cuando interpretan soflamas como esta: “Para poder acceder al nuevo subsidio de 400 €, los afortunados deberán demostrar perseverancia en la búsqueda de empleo”; hasta debajo de las piedras, sea trabajo basura, temporal o estable y al precio que sea, añado yo. Mientras, aquellos que pretenden rebajar el salario digno a cifras indignas, postulan que este tipo de medidas fomentan la desgana hacia el trabajo mal remunerado. Trabajar ya no es un derecho ni un deber, es una suerte en la que todos jugamos sabiendo que hay pocas bolas en el bombo y que los premios cada vez son más escasos. Bien es cierto que voces vociferantes afines a la Voz, proclaman a los cuatro vientos y por sus cuatro costados como en tiempos por ellas añorados, que el que no trabaja es porque no quiere –que no es lo que opinaba el marido de Claudia Mori, Celentano, haciendo dúo con su mujer: “chi non lavora non fa l’amore” a instancias de ella– y que el paro es una consecuencia de la vagancia, como el tocino lo es a la velocidad, y no del despido en masa. En este Nuevo Orden, el poder político y económico tiene su propia verdad mentirosa que vocea a los cuatro vientos, afirmando con la rotundidad que proporciona el poderío, que la población que no quiere escucharla está errada y no debería alzar mucho la voz por no despertar a la población durmiente, como suelen hacer algunos niños malcriados frente a las opiniones y decisiones sensatas de sus papás adultos, que ni siquiera azotan ya sus culitos; error en el que el Nuevo Orden no caerá aún a costa de aplicar los proporcionales correctivos. Las buenas noticias en los medios remendados se reducen a la información sobre la reducción de dos tercios de trabajadores interinos, tanto en la Sanidad como en la Educación donde existía sobredosis, para que nuestros hijos se críen mas sanos, más educados y ante todo, más obedientes. Paralelamente, este nuevo Estado del Mal-Estar reduce gastos aumentando inversamente el paro, pero conservando las posaderas bien asentadas sobre los respectivos escaños de sus miembros, o en cargos de alegre designación directa o indirecta. Tal vez algún día en un rasgo de solidaridad interina, decidan autoreducirse también ellos en dos tercios, aún a costa de que las palmas y los pitos desde la platea y el gallinero sean menos sonoros durante esas funciones teatrales a las que la población sometida asiste bostezante. 

   Este Nuevo Estado no se puede negar que tiene más clase –dominante es cierto– que aquel lejano del Bienestar y que está en vías de convertirse en secta, refrendada por el voto tontorrón nuestro de cada cuatro años, con la libertad que confiere al pueblo el regalo de la elección de una papeleta entre varias impresas para refrendar el secuestro de nuestra voluntad adormecida. Recientemente, una de sus más veneradas sacerdotisas, la institutriz Esperanza Aguirre, acaba de abandonar el foro, dimitiendo dice, por motivos personales; que son los motivos que la llevaron a la política y los que han dirigido sus pasos, su sonrisa monalisa y su lengua en las tres últimas décadas. ¿Quién se burlará ahora de los arquitectos, de sus pompas y sus obras en la propia Comunidad que ella regía de forma regia? ¿Quién hará chascarrillos de chotis y mantón sobre los cuatro mineros de caras tiznadas paseando por Madrid a la luz de eléctricas velas? ¿Quién bromeará con los bomberos por apagar solo un incendio a la semana? ¿Quién motivará al profesorado para trabajar más y mejor por menos?. “¡Madrileños,..., Espe,..., sniff,... se ha ido...!” ; aunque va a pedir su inmediata reincorporación como funcionaria del Estado del Mal-Estar para poder seguir pagando este nuevo IVA que antes se negó a aplicar, y hasta los 67 años, edad en la que podrá cobrar sus variadas jubilaciones tras una vida al servicio de lo público-privado. El Nuevo Estado además del malestar, con pérdidas como esta, nos augura un futuro de aburrimiento en el que las “perlas” de la Suma Institutriz no vendrán ya a calmar el desconsuelo de las masas inmóviles. 
Aunque tal vez nos consuele en ese triste futuro, que fuerza es igual a masa por velocidad.

viernes, 24 de agosto de 2012

Un apropiacionismo místico




   Recientemente se ha producido un sorprendente hecho místico-cultural, suficientemente difundido en los telediarios de las distintas cadenas públicas, autonómicas y privadas, así como en la prensa de información nacional e internacional, que ha conseguido hacer bajar la prima de riesgo y subir el Ibex simultáneamente, sin que los economistas más avispados hayan podido aportar explicación racional alguna. Me estoy refiriendo a la restauración-transmutación de una pintura realizada sobre la pared de una pequeña iglesia del pueblo baturro de Borja. Dicha pintura o fresco, datada a finales del siglo XIX o principios del XX, representa –mejor dicho representaba– un hermoso retrato de un Cristo doliente cubierto con su correspondiente corona de espinas. La autora de dicha transmutación mística, autodenominada como “restauradora al servicio de la Iglesia”, tal vez dirigida por el soplo creativo del Espíritu Santo, ha conseguido transformar una pintura muy común denominada, Ecce Homo, como muchas otras similares, en una intervención del Arte Contemporáneo. Voces rasgavestiduras se han alzado implorando una rápida derrestauración o deconstrución de esta nueva obra, cumbre del apropiacionismo artístico de vanguardia de origen religioso, para devolverla a su penoso estado anterior. Jamás el pueblo de Borja, ni su alcalde, ni su ermita, ni su Cristo, ni esta restauradora octogenaria por la gracia de Dios, habían tenido mayor cobertura informativa que en estos días de abulia generalizada entre la población creyente o descreída. Escasos por no decir nulos visitantes habrían realizado peregrinaje alguno con objeto de visitar esa pintura hoy ya transmutada, ni a la iglesia, ni al alcalde y ni siquiera al concejal de cultura de ese pueblo zaragozano. Frente a la opinión del párroco local de que "hay que tapar la nueva pintura para evitar mofas", manifestando que "era una obra no catalogada que antes de la actuación autónoma de esta vecina se la comía la humedad"; yo me permito opinar todo lo contrario. Si Dios ha permitido todo ello sin fulminar a su autora, es que ha sido esa su santa voluntad. Hay que adaptarse a los tiempos que corren y la promoción casual de este hecho, se debería aprovechar como promoción turística para tan hermoso pueblo.
   Por otra parte, la nueva pintura está llena de modernidad y recuerda al estilo de Modigliani en sus momentos más inspirados. De haberlo hecho, ¿como habría interpretado Modigliani a un Cristo?: seguramente así, de forma muy parecida a lo hecho por la anciana creadora. 

   He dejado pasar 24 horas, como suelo hacer habitualmente para macerar las letras, y oigo en las noticias con sorpresa y satisfacción, que mis pensamientos de papel han sido escuchados antes incluso de su publicación. Son ya más de 11.000 firmas, más del doble de la población de Borja, las que defienden la permanencia de esa nueva pintura ejemplo del apropiacionismo místico, en lugar de ocultarla a la vista de los estudiosos como propone el párroco. Incluso un trabajador de la gasolinera de Borja afirma no haber llenado en toda su vida laboral tantos tanques de vehículos visitantes como en estos días; unos atraídos por la fe y otros por la curiosidad, esa forma de fe tan nuestra. Los comerciantes del pueblo y la mayoría de sus habitantes ven en este hecho providencial el punto de partida para el futuro desarrollo de un pueblo que no lo conseguiría mediante las políticas involucionistas y de recortes de Rajoy, ni mediante el poder emanado de la faz del Cristo de la pared ya desaparecido, y desde aquí insto a las autoridades de Borja a que registren rápidamente la nueva pintura ya que un avispado fabricante de camisetas se ha apresurado a ofrecerlas con la imagen a través de la Red por 12,50 €, gastos de envío incluidos. 

 
   Superado por esta realidad mágica y antes de que a alguien se le ocurra denominar este hecho como milagro, yo lo propongo ante las más altas instancias vaticanas, incorporándolo al catálogo de transmutaciones iniciadas tiempo ha con la conversión del agua en vino y de panes en peces, deseando que el ansia de peregrinaje que anida en nuestros corazones, dirija a decenas de miles de ciudadanos parados, movidos por la curiosidad o por el dogma, hacia los campos de Borja para fortuna de sus habitantes y mayor esplendor de esa afortunada villa.  

viernes, 20 de abril de 2012

Lo siente, se equivocó, no volverá a suceder


                   
      Según la Constitución, todos tenemos derecho en nuestra vida privada a matar elefantes y búfalos en África como viene haciendo desde hace tiempo nuestro monarca, o a darles de comer cacahuetes en los zoológicos como hacen nuestros hijos. Y no es que sea de mi agrado que los elefantes estén encerrados en esos recintos o en circos, pero siempre será mejor para ellos que estar en el punto de mira de la escopeta de un rey en Botswana. A estas diferentes posturas de ejercer nuestros derechos privados entre varias opciones, es a lo que denominamos “libre albedrío” que no hay que confundir con “libertinaje”, un concepto con el que sustituyó el de la palabra “libertad”, Franco, caudillo educador que también instruyó en el uso de las armas de fuego por los campos del Pardo, entre encinas, a nuestro monarca durante su juventud, junto a la lectura de la revista “Jara y Sedal” en lugar de “El Libro de la Selva” de Rudyard Kipling. Es cierto que en El Pardo no había búfalos ni elefantes ni cacahuetes para ofrecerles, sino más bien conejos, perdices, corzos o jabalíes –ninguno de ellos en peligro de extinción– y cartuchos de postas para acabar con ellos. Debió de ser más tarde, al renegar de su preceptor –para nuestro bien– alcanzando la ansiada corona, cuando inició su afición por la caza mayor, o muy mayor a la vista del tamaño de las últimas piezas cobradas. Las diferentes especies y número de estos animales salvajes que su majestad ha abatido durante sus treinta y cinco años de reinado, es una incógnita irresoluble por pertenecer al secreto de Estado y a la Casa Real. Solamente sabemos que en 2004, a través de la prensa rumana de la que se hizo eco “El Mundo” (17/10/2004), abatió diez osos y un lobo en una cacería amañada en Rumanía. Posteriormente en 2006, en declaraciones de Serguéi Stárontin funcionario local del departamento de Conservación y Desarrollo de los Recursos de Caza de la región de Vólodga en Rusia, recogidas por “El País” (20/10/2006), se supo que el monarca invitado en aquella ocasión por Putin, y engañado creyendo que era una fiera salvaje, abatió a un viejo oso amaestrado llamado “Mitrofán” de un solo tiro, durante un viaje de amistad que hizo a aquel país. En cuanto al número de cabras monteses abatidas en Gredos, no existen datos fiables, al ser partidas de caza tratadas como materia reservada. En su defensa hay que alegar que no hay ninguna constancia de que haya participado jamás en la caza del lince ibérico en Doñana. Evidentemente por seguridad nacional, todas estas noticias han sido permanentemente desmentidas por la Casa Real y muy poco difundidas por los medios, que respecto a su figura siempre han aplicado una tolerancia cien o un prudente y cómplice silencio informativo.
  Un amigo personal del rey, Antonio Sánchez Mariño, cazador como él y escritor en el tiempo que le deja libre la caza mayor, que afirma haber abatido cerca de 1.300 elefantes a lo largo de su productiva vida, nos ha proporcionado recientemente una edificante entrevista en Tele 5 a donde acudió sin escopeta en defensa del derecho del rey para ejercer este tipo de actividades –menos dañinas según Mariño que las provocadas por el derecho al aborto–, con “perlas” como estas: “Cazar no es matar, matar es repugnante, mientras que cazar elefantes es un arte además de una experiencia única que implica riesgos (...)”, “La gente tiene sensibilidad para la caza del elefante pero no para matar niños abortando (...)”, “Todos esos desgraciados, carroñeros que hay en nuestra patria no hacen más que escarbar en la basura (...)”, “El rey puede hacer lo que le de la gana porque tiene que aguantar a los españoles y la gente no lo entiende porque todos son una panda de ignorantes (...)”. Es evidente que este noble y fiero cazador ha confundido definitivamente la velocidad con el tocino, desvinculando la muerte de la caza, equiparando la cacería con el aborto, confundiendo a los ciudadanos con buitres o hienas, y finalmente atribuyendo su propia ignorancia al pueblo español.
   Desde muy joven, por no haber sido educado durante una República ni bajo una Monarquía, mi alma permanecía apolítica o políticamente virgen, aunque mi atracción natural hacia Brigitte Bardot unida a una carencia de afección por el “generalísimo”, indicaban ya una incipiente admiración hacia la República Francesa, mucho más sensual ante mis ojos de adolescente que la Falange y el Movimiento juntos. Años más tarde descubrí frente al traje de baturra hasta el cuello y el pañuelo recogido al moño de la monárquica Agustina de Aragón, los pechos y la melena al aire de una mujer llamada Libertad en el cuadro de Eugène Delacroix, “La Libertad guiando al pueblo”, que simbolizaba la República. En ese mismo instante me hice republicano. Pasó el tiempo, y, gracias a su sangre borbona, a la abdicación de su padre y a la muerte de su preceptor, Juan Carlos accedió al poder con el título de Juan Carlos I  rey de España. Poco después en 1978, la República de China, regaló al monarca dos osos panda macho y hembra, llamados “Chang Chang” y “Shao Shao” y el rey en lugar de cazarlos los depositó en el Zoo de Madrid. Estos hechos unidos a que nos salvara “por los pelos” del bigote de Tejero el 23 de febrero de 1981, enternecieron mi corazón republicano que se inundó de tolerancia monárquica. Un año después, en 1982, de la feliz unión de aquellos osos panda reforzada por la inseminación artificial de un tercero, nació “Chu Lin”, que se convirtió rápidamente en una estrella mediática a la que el grupo infantil “Enrique y Ana” dedicó una tierna canción que fue un gran éxito entre los niños y algunos adultos de entonces y de la que todavía recuerdo esta estrofa: “Es el panda, es el panda, un osito que aún no anda...”. Finalmente, en 1996, después de la muerte de sus progenitores, “Chu Lin” falleció de pena y de una afección intestinal. Para honrar su memoria, la reina Dña. Sofía inauguró una hermosa estatua del panda realizada en bronce y con esta inscripción: “Los niños a Chu Lin”. Gracias a la amplia difusión de esas noticias y a la nula sobre las actividades cinegéticas de su majestad, el corazoncito rojo de algunos republicanos se fué tiñendo en parte de un azul monárquico por desconocer las aficiones secretas del rey.
   De la misma manera y por razones incomprensibles para un buen cazador, Don Juan Carlos fue nombrado desde su fundación en 1968, socio fundador y presidente de honor de WWF (Wild World Life) España, también denominado ADENA (Asociación para la Defesa de la Naturaleza, cuyo popular logotipo es el mismísimo panda Chu Lin), a no ser que esta institución conservacionista excluya la protección de los animales salvajes en sus estatutos dedicándose exclusivamente a salvar el bosque mediterráneo y a los pandas.
    Hemos visto y oído hace unos días, cómo al salir de la clínica tras su operación de cadera y en un arranque de arrepentimiento, el rey, con la mirada baja, ha pronunciado la siguiente frase: “Lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir”. Mucho se está especulando sobre el sentido de ella; si lo que siente y de lo que se ha equivocado es de su trayectoria como cazador, o solamente por su última pieza cobrada, o de su caída, o del viaje a Botwana. En cuanto a que no volverá a ocurrir, ¿significa eso que va a decir definitivamente adiós a las armas? Yo prefiero ser optimista y pensar que el monarca, que cree en Dios porque de él emana su poder terrenal, está arrepentido de haber exterminado a tantos animales hermosos producto de miles de millones de años de evolución desde las primeras bacterias, o de solo poco más de una decena de miles de años desde el Paraíso de ser producto de la Creación –especies hoy en peligro de desaparición por las cacerías como antes lo estuvieron por el Diluvio–, colgando por ello y por el bien de los animales que aún están en libertad, esas escopetas que carga el diablo. Por ello, mi corazón republicano para no liarla más, ha cogido un ligero tinte monárquico mientras que los familiares de los cientos de piezas abatidas por su majestad estarán hoy algo más reconfortados en su dolor por la disculpa del rey Juan Carlos.


"Y llegó la Monarquía" (1975)



  

viernes, 13 de abril de 2012

Procesionando: la procesión va por dentro

   

     Ha terminado la Semana Santa, o la “Santa Semana” como gusto redenominarla, que es el espacio temporal donde se regodean (regodearse –según la RAE–: De re- y el latín gaudĕre, alegrarse, estar contento.Verbo pronominal coloquial. Deleitarse o complacerse en lo que gusta o se goza, deteniéndose en ello) miles de creyentes y espectadores espectantes, repitiendo año tras año la ceremonia del tormento y el dolor; por lo cual no les alabo el gusto. Tamaño espectáculo me trae a la memoria subconsciente un sueño que tuve de niño, seguramente producto de esta reiterativa Semana que en aquellos tiempos lo llenaba todo, eliminando de la vida cotidiana todo lo que no fuera sufrimiento o angustia, sustituyendo la música gozosa por los requiems clásicos, el cocido con morcillo por las patatas con bacalao, y las películas del Oeste por las de Romanos en el mejor de los casos. Pero vayamos al sueño: en él, estando yo solo en una habitación, la mía, en un 6º piso en el que vivía junto a mi familia, sentía de pronto de forma irrefrenable la necesidad involuntaria de arrojarme por la ventana, yendo a estamparme contra la acera 18 metros más abajo. Por un extraño milagro –o sortilegio– no me despanzurraba en el impacto, aunque sí sentía en mis huesos y en mis carnes los dolores correspondientes a aquella desafortunada acción. Sin desfallecer y tratando de contener el dolor, me incorporaba recomponiéndome poco a poco sobre mis pequeños pies intactos y tras subir peldaño a peldaño por las escaleras los seis pisos que me separaban de mi casa (estaba expresamente prohibido a los menores de 14 años no acompañados por adultos subir en el ascensor), volvía a repetir la operación una y otra vez, hasta que el maldito sueño abandonaba mi cabeza o con suerte era despertado por mi madre para acudir al colegio.
   











        Afortunadamente, aquel sueño desapareció de mi vida no volviendo a repetirse nunca más, cosa que no ha sucedido con esta Santa Semana, muchos siglos después de que a algún iluminado se le ocurriera añadir unas gotas de hiel todos los años por las mismas fechas a la vida de los seres humanos en el paraíso católico, más allá de las que la propia vida nos regala; a unos más, a otros menos, y a los menos casi nada. Ejemplos del sufrimiento humano tenemos a diario en los telediarios, pero es cierto que esas desgracias son reales, no representadas, y todos somos conscientes de que nos conmueve más el teatro que la vida misma. Lloramos en el cine, pero al salir a la calle enjugándonos las lágrimas, somos incapaces de compadecernos ante el mendigo que duerme entre cartones delante de la taquilla. ¡Paradojas del alma humana! Todos hemos visto también llorar, en esta reactualizada Santa Semana pasada por agua, a hombres como castillos, mujeres enlutadas y niños inocentes, al no poder ver desfilar a sus ídolos de madera o escayola por culpa del cielo, sin atribuir ese desgraciado hecho a que todo el colectivo de cristos y vírgenes están ya muy hartos de tanto trasiego, e intentan conjurar a las nubes en contra de los humanos para que les dejen lamerse tranquilamente las heridas en sus retiros piadosos.
    Voy a detenerme un momento en la cera, ese ecológico producto elaborado por las abejas de Dios que contribuye a dar aún mayor explendor a estas fechas, sacándonos de la oscuridad mediante decenas de miles de cirios que en esos días desparraman alegremente por nuestras calles, avenidas, plazas y aceras (especialmente en las ciudades de Andalucía), toneladas de líquido ardiente semejante a aquel otro que se derramaba desde lo alto de las murallas de los castillos sobre las cabezas de los enemigos que pretendían tomar esas mismas ciudades, instándoles a cambiar de actitud. Esta cera líquida, mezclada con el habitual humus del suelo, se transforma en un mejunge negro que se adhiere amorosamente a las suelas de nuestros zapatos y a los neumáticos de nuestros vehículos. Gracias a esa capa deslizante, las caídas de peatones y accidentes motorizados se disparan durante y después de esas fechas, aunque no existen estadísticas fiables del incremento en número de muertos y heridos en las semanas corrientes posteriores a la Santa por esas causas. Es el precio que tiene que pagar la sociedad por dar trabajo a las abejas para elaborar tanto cirio, en unos días en los que es más arriesgado ser peatón que costalero, e incluso conducir una “scooter” que un trono. Estos desgraciados accidentes van acompasados, no por saetas, sino por un sonido semejante al maullar de un gato que proviene de los neumáticos de los vehçiculos a dos y cuatro ruedas, mientras distribuyen equitativamente por toda la ciudad el mejunge sagrado. Como el tiempo todo lo cura, pasados unos meses, la madre Naturaleza mediante la lluvia, el sol y el viento, acaba por eliminar esos restos de cerumen; excepto algunos que quedan para siempre fosilizados sobre el asfalto confiriéndole unas hermosas manchas impresionistas de color oscuro. Y para el año siguiente, vuelta a comenzar el ciclo pasional favorecido por unos gobiernos que cada vez con más resolución, prefieren que sus súbditos pierdan el trabajo antes que la fe y algunas costumbres llamadas buenas.
   Un aspecto importante que siempre me ha llamado la atención por estas fechas es el carácter pagano de las creencias en un solo Dios verdadero aunque plural. Me refiero al Hijo e incluso a la Madre que aunque no es diosa, es Virgen. De estos Hijos y Vírgenes, los hay cientos, tanto o más que entre los dioses y diosas de las antiguas Grecia y Roma juntas. En cada ciudad, en cada pueblo y hasta en cada barrio, sus habitantes o vecinos cegados por un paganismo plural, advocan a sus Cristos y Vírgenes particulares sin importarles un pimiento los de otras ciudades, pueblos cercanos o incluso barrios colindantes. El común oír a la gente pía decir “le tengo mucha fe a la Macarena” aunque no tengan ninguna por la Virgen de Montserrat, que además es catalana, o por la de la Candelaria que es negra y habita lejos. Y a los que beben los vientos por el “Cristo de los Faroles”, les importa un comino “Jesús el Rico” aunque también sea andaluz además de malagueño. Algunos incluso, jugando con más de una baraja, ruegan favores a varios Cristos y Vírgenes por si el contrario o la contraria, poco favorables, no les quisiera escuchar. Es como la costumbre de comprar varios números de la lotería en vez de apostarlo todo por uno solo persiguiendo el “gordo”. Todo esto es visto con buenos ojos por nuestros gobiernos complacientes que contemplan con satisfacción como sus mandados se olvidan por unos días de los mercados, las primas de riesgo, el Ibex 35, los “bonus malus”, la Merckel y el Sarkozy, los recortes necesarios, e incluso, de que se han quedado ayer sin puesto de trabajo por la gracia de Dios y la reforma laboral. Mientras éste y los otros dioses y vírgenes, agradecidos por las subvenciones estatales hacia esas sagradas prácticas, se contienen de enviar rayos destructores sobre las cabezas de unos gobernantes dóciles con la fe pero implacables en las reformas, como aconteció en su día con Sodoma y Gomorra, donde las únicas procesiones que se celebraban eran las del orgullo gay.

viernes, 16 de marzo de 2012

Tonterías, las justas


   Con imaginación, la tontería puede llegar a ser una nueva fuente de riqueza. Es evidente que ya lo es mediante la telefonía móvil. Solamente deletreando el nuevo nombre y apellidos de la antigua estación de metro –o boca de metro como gustaba de llamarse antes– de la Puerta del Sol, nombrada simple y llanamente “Sol antes del evento “Estación Sol Galaxy Note”, podemos certificarlo: –¡Ding-dong, próxima parada, “Estación Sol Galaxy Note”! 
 Cuando ya pasado un mes (tiempo contratado por la firma patrocinadora con la Comunidad de Madrid) los ciudadanos-viajeros se hayan habituado a esta nueva jerga, la estación volverá a quedarse desnuda con “Sol” a secas y todos sentiremos que hemos perdido algo; la tontería y el móvil, por ejemplo. Afortunadamente la cabeza dirigente de esta Comunidad, la del “¡alá Madrid!”, tiene ya pensado otras desafortunadas señas de identidad para el astro rey. En meses sucesivos podrá pasar a llamarse Estación Sol McDonald’sEstación Sol Woman SecretEstación Sol Orage, o Estación Sol Nivea; estas dos últimas bastante apropiadas para el color y el calor de las radiaciones solares. Las propuestas  son inagotables. Con estos ingresos, se podrán reducir las subvenciones al billete de Metro sin subir su precio, en torno a unos 3 céntimos de euro para el billete sencillo y en unos 21 cénts. para el “bonometro”; o en su caso, vaya usted a saber, sufragar parte del sueldo mensual de la Presidenta de la Comunidad incluidos seguridad social y planes de pensiones para la vejez de su señoría, en un intento de conseguir el déficit cero. Con ello la ciudadanía verá resueltos sus apuros económicos por ahora aunque su vida se vea convertida en algo similar a la “zona cero” de Nuevayor como dicen los castizos. Para que estos apuros no reaparezcan más adelante, infinidad de “twitteros” han avanzado originales propuestas para otras estaciones secundarias, como: “Estación Pan Bendito Bimbo”, “Estación Chuecapics”, “Estación Corporación Dermoestética Ópera”, “Estación Bankia de España”, “Estación Campofrío de las Naciones”, “Estación Vicksálvaro”, “Estación Lavapiés Devorolor”, “Estación Vinateros Don Simón”, “Estación Seat Ibiza”, “Estación Islas Filipinos”, “Estación Príncipe Píoneer”, “Estación Audi Cuatro Caminos”, “Estación Estrella Damm”, “Estación PortaVentura Rodríguez”, “Estación Delicias Findus”, “Estación Avenida de American Express”, etc...
 Estos bravos dirigentes nuestros de cada día, herederos de aquellos otros gloriosos que fueron capaces de cambiar su reino y el nuestro por un caballo o de venderlo por un plato de lentejas, con lucidez, apoyados por la singularidad de nuestra Ñ y con ideas geniales como esta, van a sacarnos de su recesión, conduciéndonos al paraíso prometido en sus programas electorales a través de ríos de leche y miel. Yo les animo a convertir nuestras calles y plazas mediante imaginativas propuestas, en reclamos publicitarios siguiendo la estela de Sol, cambiando sus nombres repetidos hasta la saciedad por los de nuestros benefactores, llámense Sony, Zara, Ligeresa o Nocilla. Obtendrán con ello los recursos suficientes para acabar con el paro creativo aunque de nuestra memoria se borre el nombre de nuestra calle, sustituido por el apellido de una hamburguesa que es la que pasará ahora a pagar el IBI y la mahonesa. Lástima que aquí en Málaga no podamos disfrutar de estos revolucionarios métodos para captar ingresos publicitarios: todavía no tenemos Metro y ni siquiera están decididos los nombres de sus estaciones; aunque asistiendo estupefactos a la iniciativa madrileña, mejor no imaginarlos.

  
  Por mi parte, recuerdo con nostalgia cuando de niño pasaba una gran parte de mi vida viajando en el viejo Metro de Madrid, con sus traquetreos, aglomeraciones y sabrosos olores, de casa al colegio y del colegio a casa, atravesando estaciones con nombres sensuales o de personajes esotéricos, de lugares lejanos nunca antes visitados o con destinos que conducirían a ellos: Delicias, Palos de Moguer, Príncipe Pío, Argüelles, Neptuno, Cuatro Caminos, Vallehermoso, Vistalegre, Estación del Norte..., y sobre todas ellas, Sol, el centro de la vida, el astro rey, el que nos calienta y nos ilumina. Por ello si yo hubiera podido hacerlo entonces con mi corta edad, habría engrosado la fantasía en vez de las arcas públicas, cambiando todos aquellos nombres menos el del Sol y Neptuno por el de planetas misteriosos y lejanos: Mercurio, Venus, Marte, Urano, Plutón...; o por estrellas y galaxias, todas ellas girando a mi alrededor al levantar la cabeza para observar el techo de vagón escuchando por los altavoces: "Próxima estación Vía Láctea". Pero de niño, hoy solo me queda la fantasía y la cabeza gacha. Y a nuestros dirigentes, ni eso. 

  P.D.: Es posible pero no probable que la publicidad nos saque de la crisis, siempre que los que todavía conserven un cierto poder adquisitivo y poco entendimiento, se dediquen a comprar compulsivamente todo lo que nos recomienden en las nuevas estaciones del Metro de Madrid. En cualquier caso, los indignados del 15-M lo van a tener más difícil desde ahora para enviar sus “twitts” con las convocatorias para sus concentraciones. Tendrán que teclear más duro para escribir “A las 12 en la Estación Sol Galaxy Note”, que “A las 12 en Sol” como lo hacían antes. A no ser que adquieran el nuevo teléfono ahora anunciado que llevará automatizada dicha convocatoria.


  

domingo, 12 de febrero de 2012

Ciega, pero no manca




Ni apruebo, ni respeto, ni comparto,... ni.
    Los ciudadanos hoy están divididos. Unos se frotan las manos de felicidad y otros compungidos entornan los ojos con tristeza. Unos piensan que la verdad ha triunfado y otros que la mentira ha vencido. Unos se alegran de que Camps sea declarado inocente y otros se lamentan de que Garzón lo sea como culpable, mientras, Pinochet y Franco desde el infierno brindan con sus demonios por la justicia española. Y en este otro infierno, nuestro mundo, al mismo tiempo, todos los condenados por dicho juez y los que estaban pendientes de  serlo, brindan unánimemente a la sombra o cara al sol. En otros tiempos, otros jueces representando también a la Justicia, condenaron e hicieron cumplir condena por unanimidad a ciudadanos culpables que con el paso del tiempo, otra nueva Justicia declararía inocentes. Los jueces evidentemente, se equivocan más veces que aciertan, como todos nosotros, unas veces a sabiendas y otras porque también son humanos y tienen su corazoncito. En este caso los 7 magníficos sabrán porqué se han equivocado, o tal vez no, pero es altamente sospechoso que un gremio en el que nunca hay unanimidad, en este caso concreto la haya habido. Voces tertulianas se escuchan afirmando con rotundidad que 7 grandes jueces no pueden estar unánimemente equivocados. Que se lo pregunten a los que formaron parte del ya extinguido T.O.P (Tribunal de Orden Público) cuando extendían condenas para ser ratificadas por el innombrable. También es cierto, o ellos –los de ahora– sabrán si lo es, que no todos se nutren de la misma ideología. Sería demasiado casual, porque casualmente las ideologías representadas por esta alta institución llamada suprema, se reparte entre los dos también llamados grandes –por el número de votos– partidos que nos gobiernan alternativamente desde los albores de esta nuestra democracia; y que en este caso ambos tenían sus reproches que hacer, guardado en sus corazoncitos, respecto al juez-estrella. El ciudadano en el fondo sabe bien que la Justicia es una pantomima en la forma que en algunas ocasiones no yerra en el fondo. “Juicios tengas y los ganes”, decía el saber popular parodiando una especie de lotería en la que se nombra inocente al que le toca el “gordo”. Es realidad que seguimos rigiéndonos básicamente por el derecho romano, aquel que crucificaba a los rebeldes por serlo. Por eso nunca fui amigo de jueces, ni siquiera de Salomón, el paradigma de la justicia ciega, ese rey que estuvo dispuesto a dividir el cuerpo de un recién nacido como si de un cochinillo de Segovia se tratara. El envite le salió bien, igual que a Cándido le salían los cochinillos del horno en Segovia, pero si no hubiera sido así, no creo que ni siquiera hubiera pestañeado por ello. Así es la Justicia, la buena y la mala, para bien y para mal de los juzgados que somos el resto, los anónimos, excepto en ocasiones excepcionales como ahora, en la que se juzga a si misma representada por alguien del gremio confirmando lo dicho. 
    Siempre me ha aterrorizado que un individuo aparentemente como nosotros, por ejemplo el vecino del 1º que también es juez y que hizo unas oposiciones con tesón para ganarse la vida, pueda decidir sobre la de los demás solo por haber obtenido tan deseada plaza. Tampoco debemos olvidar que la justicia se ha ejercido siempre desde el poder, desde cualquier poder, algo, poco, o nada legitimado, daba igual, y muchos representantes de la misma en ocasiones históricas, desde Roma hasta hoy, pasando por el III Reich y Stalin, han pasado también de una legitimación a otra como el que juega al juego de la oca. Una de las mayores tonterías que se han dicho nunca, es esa de que “la Justicia es igual para todos”, porque la Justicia podrá ser ciega, pero desde luego no es manca.

viernes, 3 de febrero de 2012

¡Albricias!


  Gracias señor Rajoy por despolitizar al fin la justicia, haciéndola más conservadoramente corporativa. Así evitaremos juicios múltiples a jueces por buscar la verdad y veredictos erróneos de jurados encontrando la mentira. Tal vez algún día cercano, durante su actual periodo de gobierno, la clase política tome nota y decida votarse también corporativamente a si misma, librando de ese deber a los ciudadanos y perpetuando con ello a su partido mediante el apoyo de una mayoría absoluta estable. Enhorabuena añadida por crear un canon para los recursos judiciales, de esa manera la mayoría de los ciudadanos que antes recurrían no gastarán ahora lo que no tienen, contribuyendo con ello a reducir el déficit que los políticos crearon. La minoría restante hará muy bien en tirar su dinero intentando demostrar su no culpabilidad. 
    
    Gracias por cambiar la asignatura de “Educación para la ciudadanía” por la de “Educación cívica”, de título más corto y más acorde a los deseos de la Conferencia Episcopal. De ahí al “Catecismo” que aún es más breve y a la fe ciega, tan solo resta un paso. Los hombres y mujeres del futuro se lo agradecerán movidos por una buena educación cívica adquirida. Felicitaciones complementarias por favorecer a la ONG de Dios mejor subvencionada, para que pueda seguir distinguiendo entre el bien y el mal, tanto en política como en sociedad, luchando en cuerpo y alma hasta conseguir la penalización total del aborto derogando la "Ley de interrupción voluntaria del embarazo" y prohibiendo el día antes para erradicar la píldora del día después.
    
    Gracias por promover una nueva y muy eficaz reforma laboral, más acorde a los gustos de los empresarios. Quizás algún día no lejano, el trabajo y el despido nos hagan más grandes, más libres y más delgados. Inteligente medida de austeridad también, congelar o bajar los salarios de los funcionarios aumentando sus horas de trabajo, consiguiendo con ello un incremento en la productividad sin mermar el sueldo de María Dolores de Cospedal, que incluso dispone para darlo a conocer, de una página muy seguida en facebook donde regala un precioso vídeo. Por no quedarse atrás, la alcaldesa de Madrid acaba de hacer unas declaraciones para  abrir boca, promoviendo la participación social, en un intento de sustituir la contratación municipal para asistencia social y bibliotecas, por el voluntariado a fondo perdido tras los recientes despidos de interinos.























    


    Gracias femeninas por tratar de dignificar a la mujer aumentando su cuota de participación en el poder, con ejemplos a seguir como el de la vicepresidenta Sáez de Santamaría, las alcaldesas de Madrid y Valencia, Ana Botella y Rita Barberá respectivamente, o la presidenta de Castilla la Mancha antes nombrada. Si perseveran, cuando sean mayoría en las filas del partido, tal vez consigan erradicar el machismo de raza que aún pervive entre las mismas.
  
    Gracias de nuevo por trabajar codo con codo con Artur Mas en la búsqueda del copago en Sanidad, batalla que tienen perdida los pacientes. Con ese re-pago, cada uno de nosotros seremos partícipes de nuestra propia salud, evitando un exceso de medicación a cambio de tisanas y ahorrando más para gastar lo mismo que antes, cuando las consultas eran gratuitas pero pagadas por nosotros. El eslogan adoptado por ustedes dos y publicitado en TVE a través de un micrófono abierto por la oposición: “Vivo en el lío, ...yo también”; abre futuras perspectivas de colaboración, unidos y en convergencia.

    Gracias por contener su orgullo patrio cuando ríe a carcajadas los chistes malos de la señora Merckel sin traductor, poniéndose a su servicio como un fiel caballero español para ofrecerle el déficit más deseado por ella, ejerciendo para tal fin el poder con mano firme, sin que le tiemble esa extremidad por los recortes obligados en dicho empeño.


    Gracias vitalicias por restaurar la cadena perpetua, aunque sea “light” o revisable antes de la muerte del objeto de la misma, para dar a los malos su propia medicina. Con suerte y resolución tal vez llegue algún día a reinstaurar también la pena de muerte revisable no solo para los toros, aunque para ello tenga que modificar la Constitución y la Fiesta Nacional.


    Y gracias finalmente por darnos motivos para criticar a un gobierno constructivo ahora que ya empezábamos a estar hartos de criticar a uno destructivo.


    Corolario: Así como está demostrado científicamente que Dios existe porque tantos creyentes no pueden estar equivocados, usted también debe de tener toda la razón ya que tantos votantes del PP tampoco podrían estarlo, ¿o no?